26 de julio de 2009

Memorias de la Emigración Española



La enciclopedia del indiano
La Fundación Directa recopila en un libro el relato duro y nostálgico de emigrantes asturianos obligados a abandonar su tierra para salir de la miseria a la que estaban abocados


«Entonces, en el 46, embarcamos en El Musel, y llegamos primero a Cuba, a La Habana; después a México. Recuerdo todo de esa salida, despidiéndonos de los abuelos y las tías... Hay una imagen mía en que yo iba en la popa del barco, cuando se iba alejando del puerto, y todos en el borde con unos pañuelos blancos, con unas pequeñas palomas de la paz que nos estaban diciendo "adiós" hasta que se iban perdiendo en el horizonte».


Germán Horacio Robles nació en Gijón en 1929 y, aunque comenzó a trabajar como diseñador y decorador, terminó dedicando su vida a la interpretación en su país de adopción, México. Se especializó en dar vida en la pantalla grande a vampiros, hasta llegar a convertirse en un icono dentro del género en el país centroamericano. Aunque descarta regresar de forma definitiva, hoy aún sueña con comprar «una casita» cerca de la playa de Gijón y una lancha con la que recorrer la costa asturiana que lo vio nacer. El testimonio de Germán, junto al de muchos otros emigrantes españoles, aún vivos, está recogido en el libro «Memorias de la Emigración Española a América», publicado por la Fundación Directa con la colaboración del Ministerio de Trabajo e Inmigración. El texto está escrito con la intención de recopilar las historias personales de emigrantes españoles que, por uno u otro motivo, se marcharon a América durante el siglo pasado.


Algunas de las historias aparecidas en «Memorias de la emigración española a América» son particularmente llamativas, como la de Marcelino Fernández Villanueva, que no ha parado de luchar «en toda mi vida», relata, ni ha abandonado sus ideales socialistas. Él ya no quiere regresar a España, porque, dice, no reconoce el país que un día tuvo que abandonar. Combatiente incansable, se enfrentó las tropas de Franco durante la Guerra Civil, para después enrolarse en los maquis, donde siguió luchando contra el fascismo.


Este asturiano nacido en Olloniego en 1914 fue condenado a muerte, huyó a Toulouse (Francia) en 1948 y de ahí, fue extraditado a Buenos Aires. Como otros emigrantes, Marcelino encontró en Argentina trabajo, una nueva familia, amigos y, sobre todo, libertad. Haciendo balance, se siente satisfecho de lo conseguido, apostilla: salvó su vida después de estar condenado a muerte y consiguió «un cierto triunfo económico». Su mayor logro: salir de la miseria «a la que un minero asturiano estaba condenado en la posguerra española».


Ante los ojos de María de las Mercedes Méndez Álvarez de Siegler ha pasado casi todo el siglo XX. Nació en abril de 1906 en Camuño (Salas). Su padre llegó a Uruguay tratando de evitar el cumplimiento del servicio militar en España. Ella se marchó un poco más tarde con su madre, con tan sólo dieciocho meses. A pesar de los años transcurridos, toda su familia mantiene una estrecha relación con Asturias. En 1986 volvió a España y visitó la casa de sus padres, La Casa Mayor, en Camuño, «la última de la montaña», y el arroyo donde su madre lavaba la ropa. El 25 de abril de 2006 cumplió 100 años y la Casa de Asturias de Montevideo le organizó una fiesta en la que estuvo acompañada por su familia y paisanos. Su mayor tesoro es el árbol genealógico que reconstruyó para ella su nieta Gogó, un árbol donde, según sus propias palabras, «están todos» y en torno al cual se reúne la familia. Un árbol con un tronco común: la tía Mercedes.


La historia de Bernarda Escalante González también es digna de ser recordada. Pasó de ser monja a una importante antropóloga comprometida con el diálogo intercultural. Bernarda Escalante nació en un pequeño pueblo de Asturias, pocos meses antes de iniciarse la Guerra Civil española, en 1936, en una familia republicana, aunque no perteneciente a ningún partido concreto. Jamás ha sabido cuál fue el destino de su padre y de otros familiares desaparecidos en el año 37.


La escasez y el racionamiento de la posguerra no impiden que Bernarda tenga una memoria feliz de su infancia. «Los recuerdos de mi niñez, resumiendo un poco y pese a las restricciones, la escasez, la sensación de represión y de que había que tener cuidado, son buenos. A pesar de todo eso, yo puedo decir que fueron felices. Tengo buen recuerdo de mi niñez. Después de estar aquí, en Venezuela, fue cuando lo comprendí, al conocer la democracia. Empecé a recordar y a entender cómo los sistemas fascistas imponen la ideología, hasta con signos. Yo cuando era niña lo veía y no caía en cuenta. Con esa edad no puedes caer en la cuenta».


Las dificultades económicas empujaron a su hermana, ya casada, a emigrar a Venezuela en 1951. Diez años después Bernarda siguió sus pasos como religiosa de la Orden del Santo Ángel. Allí combinó sus labores educativas con actividades sociales en los barrios más desatendidos, llevada «por la solidaridad y la búsqueda de una mayor justicia.


Sus objetivos y sus iniciativas entraron en conflicto con la institución religiosa a la que pertenecía. Así, en 1971 abandonó la orden y decidió estudiar Antropología en la Universidad Central, combinando el estudio con el trabajo. Sin apenas dinero para libros ni tiempo para poder estudiar, Bernarda se vio obligada a dedicar las noches y las escasas horas de descanso de las que disponía para acabar su licenciatura en Antropología. En 1976 sus conocimientos de Antopología la llevaron a trabajar en el delta del Orinoco, donde ha diseñado proyectos no sólo de ayuda al desarrollo de los indígenas, sino también de diálogo intercultural entre comunidades que tienen una visión completamente distinta del mundo.


Son historias de vida que narran la dureza de aquellos años con nostalgia.

El contenido del libro puede consultarse íntegramente en la dirección de internet: http://www.migraventura.net.


Registro de una vivencia «Veníamos a hacer las américas, y, al paso del tiempo, descubrimos que había ocurrido lo contrario: América nos hizo a nosotros». Estas palabras son de Constantino Díaz Luces, incluidas en el libro «Memorias de la emigración española a América».


«También fuimos los otros» El libro pertenece al proyecto «Nosotros también fuimos los otros», con el que la Fundación Directa pretende recoger la memoria de los emigrantes. El estudio se completa con otro volumen titulado «Emigración española en América: historias y lecciones para el futuro», en el que se recogen datos concretos sobre la emigración a América.


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